El planteamiento es sencillo y libre: si voy a pasar unos días fuera de casa y de mi entorno habitual, meto en la maleta mi costurerito de viaje -una lata de galletas, como no podía ser de otra manera- y algunos retales y me dejo llevar. Vagabundeo, observo, anoto, dibujo, recojo materiales que me voy encontrando por el camino y lo traduzco todo en una pieza que actúa a modo de diario de viaje, a veces evidente a otros ojos y a veces no. Es una especie de residencia artística individual e independiente y un acercamiento a la psicogeografía; una colección de mapas personales a la que llamo Cosiendo el camino.
domingo, 2 de enero de 2022
Cosiendo el camino: El curso del agua
El planteamiento es sencillo y libre: si voy a pasar unos días fuera de casa y de mi entorno habitual, meto en la maleta mi costurerito de viaje -una lata de galletas, como no podía ser de otra manera- y algunos retales y me dejo llevar. Vagabundeo, observo, anoto, dibujo, recojo materiales que me voy encontrando por el camino y lo traduzco todo en una pieza que actúa a modo de diario de viaje, a veces evidente a otros ojos y a veces no. Es una especie de residencia artística individual e independiente y un acercamiento a la psicogeografía; una colección de mapas personales a la que llamo Cosiendo el camino.
martes, 3 de agosto de 2021
Autoflores
La diferencia entre comprar flores y autorregalarse flores está, como casi siempre, en la actitud. Y allá me fui con mi actitud de "pa ti, reina" a una tienda minúscula que hay junto a la iglesia en busca de un ramo; escogí uno muy sencillo para disgusto de la señora, que me ofrecía un amplio abanico de opciones para embellecer mi, a sus ojos, austera elección.
Autoflores es el nombre de esta pieza, aunque reconozco que me suena mejor su nombre en inglés, Selflowers. Apliques de tela, punto y ganchillo, bordado y acolchado. 38.5x38.5 cm. Todo a mano.
jueves, 29 de abril de 2021
Verano del noventa y algo
Cuando pienso en los años noventa -en mis años noventa- mi memoria parece haber registrado casi exclusivamente recuerdos de verano, como si por aquel entonces todo el tiempo fuera agosto, un mes tras otro. El verano era ese momento mágico en el que cualquier cosa podía suceder, un videoclip de más de tres meses de duración lleno de escenas que atesorar durante el resto del año, cuando las únicas pruebas fehacientes de su existencia eran la pulsera de hilo hecha a mano -ya ligeramente mugrienta- que colgaba de tu muñeca y unas cuantas fotos con acabado brillo llenas de huellas de dedos.
En aquellos días todo giraba en torno a compartir. Compartir el calor infernal bajo un árbol, compartir los secretos-como-lo-cuentes-te-mato, compartir los aburrimientos adolescentes, los libros y las revistas, las cintas de cassette, los negativos de las fotos, el esmalte de uñas, la siesta con la música de la radio muy bajita.
Antes de coser, dibujaba. Hace unos años hice este dibujo como punto de partida para un collage en papel que no llegué a terminar, y en una de esas veces que, revolviendo las telas del taller, se forma la combinación ganadora ante mis ojos, la idea original dio un par de saltitos y se zambulló de cabeza en el costurero.
El resultado fue este collage textil en formato mini quilt de 19 x 21 cm; puntada a puntada, pieza a pieza, he ido acercándome hasta convertirme en una devota del acolchado, de su proceso y su textura. Estoy descubriendo el trabajo de artistas de esta técnica como Amanda Nadig o Coulter Fussell, que en nada se parece a la idea que tenía hasta hace pocos años de las colchas de retales. Ahí fuera hay montones de valientes desafiando los decálogos y animándonos a su vez a atrevernos y quizá a insuflar valor a otras personas en una rueda sin fin; miles de puntitos en el mapa ayudándose entre ellos a desaprender, a soltar ideas-lastre que no les sirven. Volver a compartir, cansados de tanto competir.
Las texturas
LAS TEXTURAAAS
Un día de principios de primavera me llevé el collage al campo para darle los últimos toques y tuve la sensación de que todo lo que quería hacer era eso, coser bajo el sol. Ser solamente una persona que cose o -qué atrevida- ser solamente una persona.
martes, 13 de abril de 2021
El gato Noelio
¡Un momento! ¿Cómo es posible que aun no haya hablado de Noelio por aquí? Pongámosle remedio de inmediato y hablemos de Noelio, el gato.
Noelio era un prototipo, una prueba, un torso gatuno con la barriga llena de flores que aguardó pacientemente dentro del costurero hasta que le cosí unos brazos y unas piernas que también vagaban por ahí sin ir a ninguna parte. Y él, agradecido, se convirtió en un gran compañero de aventuras.
martes, 6 de abril de 2021
Dama de Noche
No recuerdo dónde leí que una puede ser búho o alondra según la hora a la que se vaya a dormir. Y yo, pese a llevar años levantándome a las seis de la mañana, no puedo evitar ser búho. Intento convencerme a mí misma de que irme pronto a la cama es la mejor decisión y que mi yo de la mañana siguiente me lo agradecerá, pero la noche es demasiado tentadora. Todo está -o debería estar- tranquilo, en silencio, sin interrupciones. La programación de la tele es mejor de madrugada, y cualquier cosa que comas a partir de las doce de la noche sabe infinitamente mejor. Soy un búho, una polilla. Una Dama de Noche.
jueves, 1 de abril de 2021
Arenaria interpres
Nunca antes había pasado tanto tiempo sin ir a Cádiz: más de un año ya, y sumando. Las restricciones por una parte y la prudencia por otra, ya sabéis. Cada cual tiene su propia historia pandémica. La última vez que estuve -en las navidades de 2019- me traje un montón de tesoros, la mayoría de ellos encontrados en la playa, pero también retalitos que me guarda mi madre y los cordeles de algodón de las bolsitas de té que me preparaba para tomar en un banco de la plaza o en la azotea.
Y con todos ellos construí esta pieza que fue terapéutica durante las pasadas navidades, tan raras y desvaídas. La tela del vestido la encontré en una poza de marea, muy deteriorada y teñida por el mar pero con su estampado de flores aun visible; por las pequeñas marcas que hay sobre el dibujo pudo ser un pañuelo bordado. Cuando mi madre me vio llegar con aquel trapo mugriento me preguntó que qué iba a hacer con eso. ¡Mira, Mamá, he hecho una muñeca!
Ahora se pasean por ella los vuelvepiedras (Arenaria interpres), unas aves pequeñitas que corretean veloces cerca de la orilla y que, haciendo honor a su nombre, vuelven las piedras del revés en busca de alimento, al igual que yo las vuelvo y me asomo a las pocitas esperando encontrar algo asombroso como un botón.
martes, 23 de marzo de 2021
Carduelis carduelis
Se ve que últimamente me he enganchado a los muñecos planos, que me ofrecen un montón de posibilidades al tiempo que resuelven la cuestión del relleno que ya planteé aquí. No puedo parar de hacerlos, ¡no quiero parar de hacerlos! Y como hace tiempo que no escribo por aquí, os los iré enseñando poco a poco.
