jueves, 14 de mayo de 2020

Nada se pierde,


Primero hice una muñeca tetera con la tela que me sobró después de convertir aquel vestido de segunda mano en una falda que ya no me pongo y que pasará a ser otra cosa. Pero, por más que la miraba y la remiraba, no me terminaba de convencer.




Quizá el cuello era demasiado estrecho. O la cara. No tenía cara de tetera, ¿cómo se supone que es la cara de una tetera? Tenía cara de otra cosa. Otras cejas, otros labios; el pelo negro. La tela imposible que compré en otra ciudad transformada en falda. Una flor de lehua bordada. Un cuerpo completamente diferente: el de Federica.






La tetera seguía en busca de su propia cara, así que le fabriqué una con retales de tela amarilla que me dio alguien a quien debía de gustarle mucho el amarillo. Le añadí mofletes de flores y puntadas de colores y nos dimos un tiempo para pensar.





Casi siempre es bueno dejar reposar las ideas. Ésta, cuando le di voz, me dijo que no le apetecía ser una muñeca, así que reunimos retales, recuerdos, un botón, la canción que sonaba en una fiesta en la que no bailamos...

...e hicimos una fiesta.





Una fiesta rara, menos divertida de lo que sus colores puedan sugerir, pero una fiesta al fin y al cabo.





¿Y la tacita? 




Para la resaca.



jueves, 5 de marzo de 2020

Flores de invierno

El comienzo de año siempre me resulta un poco difícil. Una cuesta de enero que nada tiene que ver con la de las noticias y que se extiende hasta febrero o hasta que el frío empieza a amainar. Mi batería es solar, qué le vamos a hacer.




Hace poco una niña me dijo que adivinase cuál era su estación favorita.

-La primavera -contesté-.
-Sí. ¿Cuál más?
-El invierno -porque sé que le encanta la Navidad-.
-Sí. ¿Cuál más?
-¿El verano?
-Sí. ¿Y cuál más?
-Pues... el otoño
-Sí
-¿Todas las estaciones son tus favoritas?
-¡Sí!

Ahí estaba: una niña de seis años dándome una lección mientras yo contaba los días que faltan para la llegada oficial de la primavera.

 





He hecho unas casas muy pequeñitas, tanto que sus habitantes no pueden medir más de 6 cm. Las fachadas son collages hechos con retales diminutos de la Gran Bolsa de Retales que está junto a la mesa del taller y que es como un caldero mágico: remueves y comienzan a saltar chispas de ideas.







No está de más recordar que en invierno también hay flores. Y si no, me las bordo.


martes, 17 de diciembre de 2019

Fiesta

Hace un par de meses os enseñaba parte de un libro textil en el que estaba trabajando, uno de esos proyectos que voy haciendo muy poquito a poco -lo empecé hace unos tres años uniendo retales sin saber que se transformarían en un libro- y que hoy os traigo recién terminadito.






Que empiece la... es el segundo libro que termino de los varios que tengo en marcha -después de Anagallis arvensis- y tiene todos los ingredientes de una fiesta casera: música, comida, risas, un poco de desorden y mucho color. Cada libro está cosido y bordado a mano, pero cada uno es diferente en cuanto a estilo y encuadernación, que voy aprendiendo por el camino. Es un formato bastante laborioso, pero me gusta tanto que merece la pena.




Everybody's waiting for the big surprise
but nobody will notice when it does arrive

Coming in from the Cold - The Delgados




Podéis verlo completo en este vídeo. 

 

Gracias a VidaGuerrilla por prestarme su música :)




martes, 10 de diciembre de 2019

Muñecos planos

He empezado a hacer muñecos planos. ¿Por qué? ¡Ajá! ¿Y por qué no? La historia de los muñecos también tiene su capítulo plano: recortables de papel, muñecos articulados de cartón e incluso algunos de plástico que surgieron allá por los 70, ¡los de tela no iban a ser menos!




Cuando comencé a hacer collages textiles, una de las cosas que más me gustó fue el peso y la textura que adquirían la tela, la novedad de poder convertir algo blando en un material más rígido y las posibilidades que eso ofrecía y que sigo investigando. 

La primera muñeca plana que hice fue esta sirena albina; la base era una de esas ideas que empiezo sin un fin concreto, una cabeza que bordé en un bastidor solo por el gusto de llenarle el pelo de lentejuelas rosas nacaradas, y después de dejarla dormir un buen tiempo en la estantería decidí que tenía que ser una sirena con pestañas de coral y mucho rosa y mucho brillo.





Y ahora me he animado a hacer un par más: Mandarino (y su amigo Gajito) y una señora a la que he llamado Té con Limón. Al ser más grandes y con piezas hechas por separado (cabeza, tronco, extremidades) los he cosido como si fueran una colcha: capas de tela unidas por un montón de puntaditas que le dan consistencia. Esto, de paso, me resuelve otro tema que me rondaba la mente desde hacía tiempo, porque quería encontrar alguna alternativa a la floca -que no me termina de convencer- y poder utilizar retales como relleno me pareció una buena opción. No es que vaya a dejar de hacer muñecos blanditos, pero me gusta el hecho de no depender de un material específico, sobre todo desde que decidí no comprar más materiales nuevos (a excepción del hilo, e incluso eso lo estoy reutilizando). Con el tiempo, mi forma de trabajar ha ido evolucionando de manera que puedo crear desde cualquier sitio y con lo que tenga a mano, y eso significa una cosa, la más maravillosa de todas: libertad.







Ambos llevan aros por detrás para poder colgarlos en la pared, pero también podrían enmarcarse y desde luego están dispuestos a dejarse querer bien. 



Tecnología punta: un botón a presión une la cabeza con el sombrero para que la señora pueda posar en la pared sin prescindir de su tocado.


Ahora me gustaría probar con unos más pequeños y manejables, pero tengo un collage esperándome desde hace días, una muñeca que se convirtió en dos y quiere ser protagonista de un mural, un libro textil listo para ser fotografiado/grabado y una idea que no tiene un propósito concreto pero me quema en los deditos. Sin orden ni concierto, pero con cierto orden en el fondo.



martes, 12 de noviembre de 2019

Octubre en puntadas

Que sí, que ya estamos casi a mediados de noviembre (¡!), pero es que mi octubre ha estado lleno de puntadas. Como siempre, pero diferente.

Este año decidí sumarme a una versión textil de Inktober, uno de esos retos que consisten en hacer un dibujo al día durante el mes de octubre, solo que en este caso se cambiaba la tinta (ink) por puntadas (stitches) convirtiéndose en Stitchtober. Lo cierto es que lo de hacer un bordado al día sonaba utópico y no pretendía llevarlo a rajatabla, sino participar de forma esporádica, pero ahí estaba yo el día 31 con todos mis bordaditos completados y felicísima, porque en términos generales soy poco organizada pero tengo un sentido del compromiso muy gordo, y se ve que en algún punto me comprometí a tope con el proyecto sin comunicármelo a mí misma.




Como la lista que había propuesto el artista del bordado Adam Pritchett me motivó bastante, a finales de septiembre ya comencé a garabatear algunas ideas y a seleccionar colores y telas, cosa que me vino muy bien para agilizar la tarea cuando mi mesa se convirtió en un berenjenal perpetuo y el tiempo que le dedicaba al asunto tenía que ser limitado.





La mayor parte de los bocetos los llevé al cabo tal cual, y solo algunos mutaron sobre la marcha; por ejemplo, el día 3 (Calabaza) tenía pensado hacer una de mis muñecas, pero en el último momento me vine arriba e hice una breve receta ilustrada de crema de calabaza.



Pero me resarcí haciéndola en formato broche porque aquí estamos a favor de las muñecas siempre.




Día 6: Artefacto



Día 10: Truco


Treinta y una oportunidades para experimentar con ideas, estilos y técnicas y para seguir aprendiendo. Ahora estoy escogiendo y adaptando algunos de los diseños para reproducirlos en versión parche/ilustración textil; el primero ha sido el buitre leonado que hice para el día 12 (Gul), y otro de los que tengo fichados es el del día 16 (Paranormal).





Me hizo especial ilusión terminarlo como empezó, con la misma mesa del día 1 (Cosecha) decorada para celebrar, tal como la ponemos en casa.




Podéis ver el reto completo en instagram


Y ahora, ¿qué? Mi idea inicial era hacer un librito textil con todos ellos, pero me inclino más por unirlos y convertirlos en un tapiz. Aun tengo que recorrerme algún que otro mercadillo buscando la tela adecuada para el fondo, porque tomé la decisión de no comprar más telas nuevas a no ser que realmente lo necesite. En cuanto esté listo os lo enseñaré. Aunque sea el año que viene.




martes, 24 de septiembre de 2019

Poquitos

¡Ah, la satisfacción de aprovechar los poquitos! Una mira alrededor, contempla sus opciones -a primera vista, escasas- se remanga y dice "¡Bueno! ¡Ya verás lo que saco yo de aquí!". El secreto de mis hamburguesas vegetales es que cada una es única e irrepetible, porque están hechas de poquitos y la disponibilidad y proporción de ingredientes es siempre distinta, una mágica alineación alimentaria en el cielo de mi nevera. También son un poco feítas, para qué os lo voy a negar.

Pero donde mi poquitismo se expande y se revuelca a sus anchas es, por supuesto, en el taller. Cualquier retal es un tesoro. ¿Un trozo de encaje? ¡Maravilla! Pero el humilde hilo no se queda atrás. Sobre mi mesa hay una caja de madera en la que habita una maraña de hebras sueltas de tamaños y colores variados a la que consulto antes de cortar un nuevo trozo de la bobina. Casi siempre recurro a ellas cuando solo necesito dar un par de puntadas o me he quedado corta de hilo en el último momento, pero hace poco se me ocurrió darles un uso algo más creativo e hice este ribete multicolor.





Éstas son las páginas de un librito textil que estoy a punto de terminar, y como el tema es festivo la explosión de color le viene que ni pintada. Las hebras de unos 20 cm de largo van perfectas para esto, pero ¿y los trozos más pequeñitos, los recortes finales? También hay lugar para ellos: tomo unos cuantos, hago una bolita y la sujeto a la tela con unas cuantas puntadas pequeñitas. Seguramente no he inventado nada, pero he decidido llamarlo punto pompón y de ahí no me bajo.






Otro poquitismo que llevo un tiempo poniendo en práctica es el del costurero de viaje. Cada vez que paso unos días fuera de casa me llevo esta caja de lata llena de retalitos variados, hilo, agujas y tijeras, y me desafío a crear algo usando solo lo que tengo y lo que me encuentre (sí, lo que me encuentre, ¡no vale comprar ningún material!). Incluso aprovecho para hacerme algunas tarjetas de visita para repartir por el camino.





No necesito mucho para ser feliz, ¡ya me divierto bastante con mis poquitos!