sábado, 7 de mayo de 2016

Braulio y yo

La última vez que estuve en Cádiz fui a la playa con Braulio, el ratoncito buscador de conchas. Nos levantamos temprano para poder explorar las rocas que la marea baja deja al descubierto y que albergan montones de pequeñas y fascinantes pocitas. La bajamar es una de mis cosas preferidas del mundo, podría pasarme horas saltando de roca en roca y asomándome a observar los mundos submarinos en miniatura que se forman entre ellas.




Hicimos un par de amigos marinos y les echamos una mano trasladándolos cuidadosamente desde las rocas donde se habían quedado varados hasta la poza más cercana. Fue mágico ver cómo, al sumergirse en el agua de nuevo, cambiaban su aspecto extraño y viscoso por unas figuras de vivos colores que se movían elegantemente. Supongo que nos pasa a todos, que mostramos nuestro verdadero brillo cuando estamos en nuestro elemento.




¿Sabíais que las estrellas de mar son capaces de regenerar los brazos que pierden? Ésta era la primera estrella de mar que veía de cerca y no estuve segura hasta que la vi sumergida y pude apreciar sus cuatro nuevos bracitos. La foto no hace justicia a sus bonitas espinas azules, ni tampoco a los tonos verdes y rosas de esta anémona u ortiga de mar, ¡son hipnóticas!




Tras despedirnos, Braulio y yo proseguimos nuestra pequeña excursión rodeados de cangrejos ermitaños, cormoranes que secaban sus alas al viento y misteriosos crujidos y chapoteos. Y de repente, un destello azul: ¡un tesoro! Este botón del mismísimo color que el gorrito de Braulio debía de llevar años y años surcando los mares, a juzgar por su aspecto. Me encanta el azul, me encantan los botones y me encantan los tesoros marinos, así que podéis imaginaros lo feliz que me hizo el hallazgo.






También hubo tiempo pasa coser un poco. En ese momento estaba terminando de leer El rumor del oleaje de Yukio Mishima y me animé a bordar una frase que me gustó especialmente. A veces, cuando paso unos días fuera, me gusta llenar una bolsita con algunos retales e hilos y tratar de improvisar algo con lo que tenga; es una buena forma de ejercitar la creatividad y de calmar mi mente y mis manos inquietas en los ratos en que no ando explorando por ahí.




Tengo que hacerle una visita al mar pronto, quizá cuando pasen estos días de lluvia. Seguro que Braulio se apunta sin dudarlo.


¡Feliz fin de semana!

lunes, 25 de abril de 2016

Matorral

Tengo la suerte de poder verme rodeada de Naturaleza en apenas diez minutos andando. Diez minutos y dejo atrás las casas, la gente, el ruido de las motos. Aun se ve la carretera, pero es un lugar lo suficientemente tranquilo como para aislarme en una burbuja de matorrales, rocas y olor a tomillo y sintonizar la frecuencia del viento y los pájaros; lo suficientemente cercano como para permitirme el lujo de sentarme a leer al sol un domingo a mediodía o incluso hacer un picnic entre semana. 




Vivir lejos de la ciudad, y sin conducir, puede ser un inconveniente a veces: eventos que empiezan un rato antes de que salga el último autobús de vuelta, planes sencillos que requieren toda una estrategia, materiales que no puedo encontrar en las tiendas del pueblo... Pero me compensa. Me gusta. Me gusta que preparemos un termo con café porque no se nos ocurre una cafetería más tranquila y con más encanto que el campo.

He aprendido, como con muchas otras cosas, a sacar el mejor partido de lo que tengo, y el paisaje no es una excepción; cuando Amorcito y yo planeamos una escapada casi siempre pido que vayamos a lugares frondosos, llenos de árboles y de verde intenso. "¡Fronda, fronda", le digo. Una siempre se imagina las grandes aventuras y los misterios por descubrir rodeada de helechos gigantes y árboles infinitos, no aguardando tras un arbusto de coscoja a pleno sol. Pero del mismo modo que en El jardín secreto Mary descubre a través de Dickon las maravillas que puede albergar un páramo, nosotros podemos aprender a mirar dos veces para encontrar que el escenario perfecto es el que estamos habitando en ese instante.







Phlomis purpurea o matagallo, ¡es importante familiarizarse con el decorado!



¡Feliz comienzo de semana y disfrutad de vuestro escenario al máximo!


PD: Un beso para Ani de Sevilla, que siempre tiene una palabra amable y no puedo devolverle el comentario ;)


sábado, 9 de abril de 2016

Salva a las abejas

¿Alguna vez habéis estado en silencio en medio del campo, bajo un Sol amablemente calentito y con el único sonido del zumbido de las abejas?


No os cuento nada nuevo si digo que las abejas están en peligro, y esto no es cualquier cosa; ellas, y otros insectos polinizadores como los abejorros, las avispas, las mariposas y algunos tipos de mosca, ayudan al intercambio de pólenes y a la consecuente reproducción vegetal. El aguacate, por ejemplo, resulta que es hermafrodita y necesita de la polinización cruzada entre árboles para que la cosa prospere, y en esto las abejas tienen un papel fundamental. Para que nos entendamos: si no hay abejas no hay aguacates, y si no hay aguacates yo me remango las faldas y corro a prenderle fuego a todo de aquí a Andorra, ¡así de grave es la situación!




¿Y qué está acabando con las abejas? Nosotros. No vosotros, ni yo, que estoy aquí  tan ricamente cosiendo una amapola, sino nosotros como género humano. El cambio climático y su influencia en las lluvias y los procesos de floración, la destrucción de espacios naturales, las ondas electromagnéticas emitidas por nuestros teléfonos y antenas, las especies invasoras introducidas para beneficio del ser humano y los neonicoticoides, un tipo de insecticida usado de forma masiva por las multinacionales que afecta al sistema nervioso de los insectos, desorientándolos y haciendo que mueran lejos de su colmena, son algunas de las razones por las que la población de abejas lleva años disminuyendo de forma alarmante.




Como especie somos un desastre y nos merecemos que nos salgan coquitos en el pimentón, pero como individuos aun hay cosas que podemos hacer:

-Ama a las abejas. Sé que suena muy hippy, pero yo creo firmemente en las energías y sentir amor por los bichitos que nos rodean tiene que surtir efecto. Hay una arañita rondando por el techo del taller desde hace unos días y estoy empezando a considerarla una invitada; no creo que os hagáis una idea de lo impensable que suena eso tratándose de mí.

-Compra orgánico y local. Siempre que puedas, apoya a los agricultores orgánicos de tu zona para que puedan seguir suministrando polen no contaminado a los insectos polinizadores. 

-¡Planta! Conseguir semillas y plantas orgánicas no es tarea fácil, pero se puede intentar. Lavanda, romero, tomillo, girasol o geranio son una buena opción para tener a las abejas abastecidas y contentas, y tú serás más feliz rodeado de flores y alegres zumbidos.

-Firma una petición para que se prohíba el uso de los plaguicidas que están acabando con las abejas. Si tecleas "salva a las abejas" en un buscador encontrarás unas cuantas.

-Cuida tu entorno. SIEMPRE.



Esta pequeña jardinera se marcha a difundir su mensaje por Canadá, con su abejita bordada a mano rodeada de un montón de florecillas amigas.



¡Yo la veo la mar de dispuesta!
 


¡Buen viaje, pequeña!



¡Feliz domingo y bzzz para todos!


lunes, 4 de abril de 2016

Primavera. Luz

La Primavera se va colando despacio en nuestros días y yo la recibo con ganas. Con ganas de leer al sol, de hacer picnics, de recoger hierbas, de abrir las ventanas, de adornar la casa con flores, de despertar de este pequeño letargo personal. De florecer.








En el taller también se está notando la llegada de la nueva estación. Todo empezó con una mirada fugaz a la mesita de Naturaleza y una idea como un chispazo: llenarla de Naturaleza, sí, pero viva, verde y creciente. Guardé cada concha y cada piedra en mi caja de tesoros, y las plumas en un álbum que cada vez está más abultado por los regalos que me fueron dejando urracas, cormoranes, mirlos y búhos. Coloqué la maceta de cinta de mi abuela, busqué cómo hacer un esqueje de poto e hice una larga visita al vivero. Pero en lugar de detenerme ahí continué reorganizando y despejando, cambié los muebles de sitio y el taller se fue convirtiendo en un lugar más espacioso y luminoso. No me sentía con fuerzas para hacerlo todo de una vez; aproveché las vacaciones de Semana Santa para avanzar cada día un pasito más, y a medida que la luz llegaba a todos los rincones del taller también me iba iluminando un poco a mí.



Ahora parece más fácil sentarse e ir dando forma a las ideas a medida que va entrando el sol y el prisma de la ventana lo esparce en trocitos de arcoiris.






¡Feliz y luminosa Primavera!



Fotografía número uno por cortesía de Amorcito ;)


viernes, 19 de febrero de 2016

Color

Esta semana han bajado tanto las temperaturas que incluso he visto nevar. Bueno, nevar, lo que se dice nevar... Aguanieve. Unas gotitas. Durante algo menos de un minuto. Pero eh, ahí estaba yo diciendo "¡nieve, nieve!" con voz de dibujo animado porque una vive al sur del Sur y unas bolitas minúsculas derritiéndose sobre el parabrisas bien valen una fiesta.

Puede que sea el frío, pero a mí lo que me pide el cuerpo últimamente es el calor del color. Me encanta la lluvia, y esconderme bajo el peso de las mantas, y las nubes arremolinándose sobre el monte y mi jersey gordísimo que encontré por un euro en el mercadillo pequeñito de un bar de pueblo. Pero las flores ya hace tiempo que han empezado a asomar, y al azul de las borrajas, el amarillo de los mirabeles y el violeta del cantueso me saludan desde el borde de los caminos y me dicen que use más color.

Y eso hago.


Colgantes de gatitos, más pequeños y ligeros que los miniamigos pero igualmente carismáticos





En el colegio hemos estado haciendo unos fanzines muy chulos llenos de dibujos y recortes



No sé mucho de origami, pero sí lo justo para hacer más divertidas las notas que envío con los paquetes






Y que no falten los miniamigos, coloridos, festivos y cursis a más no poder





¡Que tengáis un buen fin de semana al calorcito de lo que más os guste!


viernes, 29 de enero de 2016

La estantería


Me gusta mi estantería, la que está a la izquierda de la cama. Es un trozo de una librería grande que hizo mi padre, que se convirtió en dos -la librería, no mi padre- y se pintó de blanco. Sin duda es un valor añadido, pero no es solo por eso: me gusta porque no soy lo que hay en ella, pero lo que hay en ella es un reflejo de lo que soy.

Es lo que hacen las estanterías. Las colocas porque necesitas espacio para almacenar, al principio unas pocas cosas, luego otras que venían de mudanza y, con el tiempo, objetos varios de aquí y de allá se van sumando a la fiesta. Y un día la miras y ves que ella solita se ha encargado de decorarse delante de tus narices sin que apenas te des cuenta. La miras y, de algún modo, te ves.

Si miro mi estantería, a primera vista encuentro sobre todo libros, los que no cabían en la librería de la salita o los que prefería tener más cerca; pero observando con un poco de atención veo mucho más. Veo las historias que me absorbieron por completo y me llevaron a otros mundos (recuerdo que cuando terminé de leer Veinte mil leguas de viaje submarino estuve varios días resistiéndome a devolver el libro a su sitio, teniéndolo por ahí cerca como quien no quiere la cosa, como si necesitara una especie de proceso de descompresión después de pasar tantos días en el Nautilus). Veo la tetera roja, el primer regalo de Navidad que me hizo Amorcito. La primera Niña Búho que cosí. Mis guías de aves, una pasión que descubrí hace pocos años y que me anima a aprender más y mejor sobre lo que me rodea. La colección de fascículos de los pueblos de Cádiz que reunió mi abuelo. El número de Stuffed Magazine en el que aparecen mis muñecos. El libro de cuentos que nos llevábamos cuando íbamos de camping, y los Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga que recuerdo haber leído una y otra vez en casa de mi abuela. El cuarzo que encontramos en una de nuestras rutas. La libreta que me regaló Elena, donde escribí cosas que luego arranqué y ahora lleva los restos de las hojas rasgadas como una cicatriz. Pocos objetos con mucho que contar, como pequeños érase una vez.

Listas, diarios, álbumes de fotos, cajas de Pandora que no nos atrevemos a abrir... tenemos métodos para registrar meticulosamente lo que hemos vivido, y a veces es mucho más fácil: basta con mirar lo que hemos ido construyendo de forma distraída a nuestro alrededor. Somos historias andantes y nos escribimos a cada paso. Es importante escoger bien las palabras.


P.D: El pajarito de alas turquesa es de Florula; la lechuza y el zorrito los hizo mi amiga del bosque Ana.

lunes, 18 de enero de 2016

Buenos días, 2016

Creo que aun estoy dentro de ese límite borroso en el que es correcto decir ¡feliz 2016! Al fin y al cabo el año todavía está amaneciendo. Espero que lo hayáis empezado con ganas, que es lo más importante cuando uno se dispone a comenzar algo.

Las ganas son algo que no me ha sobrado precisamente estas fiestas, ni antes de ellas. Tenía cansancio (mental, emocional, físico), desorden y malestar acumulados lenta y sigilosamente que culminaron en la madre de todos los resfriados, y cuando, haciendo un esfuerzo titánico, conseguí terminar cosas pendientes y entregar los dos últimos encargos del año, me tiré al sofá y dije aquí me quedo. Por suerte, he podido permitirme el lujo de pasar horas sin hacer nada, o al menos nada que "tuviera que" hacer. He dormido la siesta, que es algo que me encanta y rara vez hago. Me he ido a la cama temprano a leer. He visto la tele, ¡la tele!, que desterramos allá por Mayo y a la que invitamos a pasar la Navidad con nosotros; y no es que la haya puesto de fondo mientras hacía otras cosas, porque yo siempre estoy haciendo otras cosas: me he sentado a verla sin más (siempre con un consumo responsable y sin tenerla encendida porque sí). He hecho una hibernación express en medio del caos festivo sin remordimiento de ningún tipo.

Normalmente, cuando por circunstancias paso un par de días sin agarrar la aguja y el hilo o crear algo en general, me afecta al humor. En serio. Con el tiempo una va identificando lo que realmente necesita para mantener el equilibrio -muchas menos cosas de las que piensa en un principio, pero con más convicción- y en mi caso crear con mis manos está muy arriba en la lista. La cuestión es que mi desgana, que ya venía de atrás, se alargaba durante días y días y yo ya empezaba a inquietarme. Vale que a veces soy muy reina del drama y si no siento las ideas y las ganas hervirme dentro pienso que algo no funciona, pero supongo que no iba muy desencaminada, ¿habéis oído eso de que si tienes sed es porque tu cuerpo está comenzando a deshidratarse? No es que te vayas a desplomar de un momento a otro por falta de agua, pero es la primera señal de alarma. Pues funciona del mismo modo con lo demás: hay que estar atenta a las señales. La desidia, la apatía, la ansiedad, los dolores de cabeza... no vienen de la nada, y me toca ser honesta conmigo misma y averiguar qué hay detrás. Podría achacarlo al consabido "es que la vida es así y es normal y blablabla", pero mira, no, no me da la gana. Tengo el derecho y el deber de buscar lo mejor para mí.

Sea como sea, el hecho de poder pasar unos días sin más aspiración que ser (que no es poco) me hizo bien, porque cuando me liberé de lo que me tuviera que liberar los puntos se conectaron y me vino todo el entusiasmo de golpe. Es un pequeño paso adelante, pero yo soy muy de celebrar los pequeños pasos.

 






¡Estoy preparando algo que me tiene muy ilusionada!


Toda esta pájara se puede resumir en que perderse y encontrarse es parte del proceso, pero me da la impresión de que yo me pierdo bastante a menudo y resulta un poco incómodo.

El tema es tan simple como complejo y no voy a extenderme mucho más, pero creo que una de las claves es la motivación, más concretamente la motivación como respuesta a la desmotivación, que parece que siempre es la favorita del público. La desmotivación flota en el aire, la respetamos, la dignificamos, la aceptamos porque el sufrimiento y el "fracaso" (¿a qué llamamos fracaso?) forman parte de la realidad. Cuando alguien considera todas las cosas que pueden salir mal se suele decir que es alguien realista, pero a menudo olvidamos que la satisfacción y el bienestar también son reales, ¿por qué darle tanto bombo a lo que nos quita la energía y tratar de ingenuo o caprichoso lo que nos impulsa? No neguemos una parte, pero tampoco la otra. Ambas merecen un reconocimiento justo.

Aunque, si tengo que elegir, prefiero las historias que me hacen saltar en la silla y me dan ganas de comerme el mundo con patatas. Me gusta la forma de trabajar de la artista textil Jessie Chorley, los relatos de viajeras escritoras (o escritoras viajeras) como Aniko Villalba y Carolina Chavate, o conocer experiencias fuera de lo común como la de Carmen del blog La vida es una sonrisa, que decidió empezar a vivir sin dinero. Me gusta conocer otras perspectivas, otras posibilidades, otras motivaciones que arrojan nueva luz sobre las propias.

Me gusta saber que hay tantos tipos de vida como personas en el mundo, y que yo soy una de esas personas.


Que vuestro 2016 sea vuestro, y que esté lleno de motivación.