martes, 24 de septiembre de 2019

Poquitos

¡Ah, la satisfacción de aprovechar los poquitos! Una mira alrededor, contempla sus opciones -a primera vista, escasas- se remanga y dice "¡Bueno! ¡Ya verás lo que saco yo de aquí!". El secreto de mis hamburguesas vegetales es que cada una es única e irrepetible, porque están hechas de poquitos y la disponibilidad y proporción de ingredientes es siempre distinta, una mágica alineación alimentaria en el cielo de mi nevera. También son un poco feítas, para qué os lo voy a negar.

Pero donde mi poquitismo se expande y se revuelca a sus anchas es, por supuesto, en el taller. Cualquier retal es un tesoro. ¿Un trozo de encaje? ¡Maravilla! Pero el humilde hilo no se queda atrás. Sobre mi mesa hay una caja de madera en la que habita una maraña de hebras sueltas de tamaños y colores variados a la que consulto antes de cortar un nuevo trozo de la bobina. Casi siempre recurro a ellas cuando solo necesito dar un par de puntadas o me he quedado corta de hilo en el último momento, pero hace poco se me ocurrió darles un uso algo más creativo e hice este ribete multicolor.





Éstas son las páginas de un librito textil que estoy a punto de terminar, y como el tema es festivo la explosión de color le viene que ni pintada. Las hebras de unos 20 cm de largo van perfectas para esto, pero ¿y los trozos más pequeñitos, los recortes finales? También hay lugar para ellos: tomo unos cuantos, hago una bolita y la sujeto a la tela con unas cuantas puntadas pequeñitas. Seguramente no he inventado nada, pero he decidido llamarlo punto pompón y de ahí no me bajo.






Otro poquitismo que llevo un tiempo poniendo en práctica es el del costurero de viaje. Cada vez que paso unos días fuera de casa me llevo esta caja de lata llena de retalitos variados, hilo, agujas y tijeras, y me desafío a crear algo usando solo lo que tengo y lo que me encuentre (sí, lo que me encuentre, ¡no vale comprar ningún material!). Incluso aprovecho para hacerme algunas tarjetas de visita para repartir por el camino.





No necesito mucho para ser feliz, ¡ya me divierto bastante con mis poquitos!


jueves, 11 de julio de 2019

Últimamente he estado haciendo

Últimamente he estado haciendo miniaturas después de una buena temporada sin hacer muñecos, a excepción de algunos encargos personalizados, y lo estoy disfrutando como se suelen disfrutar las cosas que una decide retomar después de un paréntesis. Antes me aferraba a estas fases y decía "Ya está, lo que quiero hacer son miniaturas/ilustración textil/títeres/loquesea"; eso cuando no me da por escribir o por una idea completamente diferente. Pero no funciona así, al menos no para mí. Puede que para otros pero, ¿quién sabe qué les funciona a otros? 




Encuentro complicado e incluso inútil eso de definirse, de compartimentarse. A menudo, por cuestiones prácticas, me defino como artista textil, pero en realidad soy una persona: una persona que hace cosas. Hoy estoy aquí, viviendo así, haciendo esto, combinando y encajando las piezas, pero no descarto el cambio. No hay un Norte definido, y es una decisión consciente. No soy un proyecto ni necesito rellenar casillas; simplemente soy. Aprendo, eso siempre, y quiero pensar que crezco y me expando, pero casi nunca de esa forma visible y lineal que se suele celebrar con felicitaciones y brindis. Yo prefiero brindar por mí y conmigo, porque solo una sabe qué es lo que merece ser celebrado algunas veces.




De momento sigo haciendo cosas pequeñas.








Y, en realidad, no me va nada mal.


viernes, 5 de julio de 2019

Medusa(s)

Hace tiempo recibí un email en el que me pedían que diseñara con total libertad una muñequita medusa, y yo, ni corta ni perezosa, me zambullí de lleno en la mitología griega y me pasé mi buen rato tratando de encajar una melena de serpientes en un patrón tan pequeñito. Al día siguiente, no recuerdo qué resorte saltó en mi cabeza pero me di cuenta de que lo que me pedían no era un ser mitológico, sino una criatura marina.

Así pues, aquella cabeza de Medusa estuvo rodando por el taller haciendo honor al mito, hasta que hace poco nos reencontramos y decidí que ya era hora de darle un final digno. O un principio.




Los mitos griegos suelen tener diferentes versiones, pero no podemos negar que, en general, Medusa sale bastante mal parada: violada (o "seducida", en el mejor de los casos), castigada por ello (¡!), despreciada, desterrada y, finalmente, decapitada. Dependiendo de la versión, era un monstruo o la convirtieron en uno, pero total, quién no ha querido transformar a alguien en piedra alguna vez. Yo misma, esta mañana, cuando una señora se ha parado delante de la ventana de mi dormitorio a pedirle a alguien por teléfono -y a un volumen poco apropiado para la hora- que le preparase un bocadillo de pan integral con tomate y queso blanco y también un té, pero no un rooibos, que el otro día le dio mucho sueño.



Su cara se parece mucho a la que se me quedó escuchando a la señora




Es muy pequeñita ¡solo mide 8.5 centímetros de alto!




Contenido extra: así es como quedó la medusa del encargo. Ellas también tienen su mala fama, especialmente en verano, cuando su único delito es defenderse si alguien invade su hábitat natural.




Y es que hay medusas y medusas, y cada una tiene sus propias circunstancias.

sábado, 1 de junio de 2019

Anagallis arvensis

No os lo voy a negar: me gusta ir de flor en flor. Si hace algunas entradas os hablaba de la amapola, esta vez le toca el turno a los murajes, anagalis o pimpinela escarlata; Anagallis arvensis. Es una flor silvestre muy común a la que hasta hace algunos años no le había puesto nombre, pero que de pequeña solía relacionar con unos dibujos animados que me encantaban, Ángel, la niña de las flores. Ésta no tiene siete colores como la flor de la serie, pero de alguna forma me hacía pensar en el arcoiris.

Mi relación con esta florecita azul, que a día de hoy he coronado como mi favorita, se remonta a cuando tenía cuatro o cinco años y me pasaba los recreos buscando escarabajos entre las pimpinelas del parterre de la escuela. Ha pasado mucho tiempo y muchas flores, pero desde entonces, cada vez que me he cruzado con ella, he tenido una sensación de familiaridad, como si fuera una vieja amiga o un secreto que solo yo conociera.




El libro textil que os enseño hoy está inspirado en esta flor y también en aquel colegio, pero, como sucede muchas veces, la idea se concretó una vez que ya estaba puesta en marcha. ¿No os encanta cuando es el proyecto el que os marca las pautas y no al revés? Cuando esto sucede, lo mejor es dejarse llevar, y el resultado de mi paseo creativo es un librito muy breve, solo ocho páginas que combinan el collage, el aplique y el bordado usando como base el azul, el rosa y el amarillo. Me gusta el hecho de que todo surgiera de algo que hice usando, literalmente, lo que tenía a mano. Estaba pasando unos días fuera de casa y no llevaba nada para coser, así que fui tomando algo de aquí y algo de allá: unos retalitos encontrados en el fondo de mi maleta, algunas tiras que arranqué de un trapo, un trozo de lana y una aguja prestada.




Y empecé a tirar del hilo. De usar esos colores como punto de partida para unir retales pasé inevitablemente a las pimpinelas, y poco a poco fueron surgiendo los recuerdos del colegio; un colegio que ya no existe, porque era un recinto provisional mientras construían el edificio definitivo, y del que solo me quedan imágenes sueltas en azul y rosa. Cambié varias veces de colegio y ninguno dejó un collage tan definido en mi memoria. 

 





Creo que éste fue el tercero o cuarto de los cinco libros textiles que empecé, pero pensándolo bien, tiene sentido que sea el primero que acabo. Como los planteé como collages sueltos y no como páginas, he usado una tela rosa de base para disponerlos, respetando los bordes sin rematar. También he dejado un lado abierto en las guardas de tul por si quiero introducir algo más, quizá un texto bordado o algún objeto pequeño que tenga relación con el tema. Me hace ilusión verlo así, encuadernado, contando una historia supercursi -no podía ser de otra forma- que es la mía.

He grabado un pequeño vídeo para que podáis pasar las páginas conmigo. De fondo, la música de Junipero de la sierra 





jueves, 23 de mayo de 2019

Mediterránea

Azul. Del mar, de los cuadros de los manteles, de las puertas de las casas encaladas. Buganvillas trepando por las fachadas. Sal. Una colección de conchas sobre la repisa. El pelo al viento y la cara lavada. Alpargatas a todas horas menos a la de meter los pies en el agua.






Platos típicos y postales tópicas, pero ¿qué mejor tópico que la vida mediterránea? Abracemos el estereotipo, juntémonos para cocinar, demos largos paseos cuando el sol no pique mucho, hagamos un bodegón con frutas y flores, plantemos romero, durmamos la siesta con la ventana y el libro abiertos, tomemos los balcones, las azoteas, las plazas y las playas y brindemos luciendo nuestras mejores joyas de caracolas.



 



Mediterránea hace tiempo que puso rumbo hacia su nuevo hogar en otras aguas lejanas, y me consta que es muy feliz.





¡Chinchín!


jueves, 2 de mayo de 2019

Declinación del verbo zurcir

Zurcir. Qué palabra más antigua; yo zurzo, tú zurces, él/ella zurce. Es como si perteneciera a una lengua muerta, la de aprovechar los recursos y alargar el máximo posible la vida de los objetos que nos acompañan en el día a día. Pero hace mucho tiempo, antes de los paquetes de calcetines a tres euros y la moda rápida, cuando una prenda mostraba signos de desgaste no se arrojaba a la basura y se iba corriendo a por otra: se zurcía, se remendaba, se reparaba. Entonces primaba la economía, una preocupación que nos sigue afectando pero a la que hoy sumamos otro factor: la sostenibilidad. Piensa en todas las toneladas de ropa que hay en este momento en el planeta: puesta, tendida, en los armarios, guardadas en cajas, en rastrillos, en las tiendas, en almacenes, en contenedores que cruzan el mapa de punta a punta, en las fábricas... Es inabarcable.

Y se sigue haciendo más ropa, en su mayoría de dudosa calidad. Y la seguimos comprando porque es barato y divertido, pero cuando deja de ser divertido la tiramos y vamos a por más porque sigue siendo barato. Barato para el consumidor, claro; recuerda siempre que el resto lo está pagando alguien con sus derechos laborales. Pero las consecuencias de la producción masiva y descontrolada, este mar de residuos que habitamos, lo paga el planeta entero: por la falta de regulación en los materiales y los procedimientos, por la imposibilidad de asumir y gestionar tal cantidad de textiles y porque con cada compra estamos diciendo que sí, que nos parece bien y que queremos más.

No se trata de dejar de consumir, se trata de hacerse preguntas: ¿cómo y de qué está hecho? ¿qué estoy apoyando con mi compra? ¿qué alternativas tengo? ¿qué pasará con éste producto cuando ya no me sirva?










Es un tema del que podría hablar largo y tendido porque me interesa muchísimo, pero lo que hoy me ocupa son las pequeñas acciones que están surgiendo entre los consumidores, gente como tú y como yo que deciden que, si hay algo que esté en su mano para participar en la menor medida posible de este despropósito, lo van a hacer. 

Hace cosa de un año yo no sabía zurcir; hacía mis remiendos, unos más toscos que otros, hasta que empecé a ver en las redes que el zurcido está mucho más vivo de lo que pensaba, y que tenía ante mí una oportunidad de aprender a ser más autosuficiente y montones de posibilidades. ¿Habéis oído hablar del zurcido visible o visible mending)? No se trata de reparar la prenda discretamente para que nadie sepa que llevas ¡oh! ropa remendada, sino todo lo contrario: el defecto se personaliza, se convierte en foco de atención, se eleva a la categoría de arte. Me parece una acción poderosísima. No nos avergüenza remendar nuestra ropa, nos avergüenza el consumismo desaforado, y llevamos la bandera puesta.




¿Agujeritos y manchas? Nada que unas margaritas bordadas no puedan solucionar 


Y cada vez somos más. El sábado pasado estuve en Monda en la celebración del Fashion Revolution Day, un movimiento global que pone el foco en las prácticas abusivas de la industria textil, reclamando más transparencia y promoviendo alternativas sostenibles para la sociedad y el medio ambiente. Era un evento a muy pequeña escala, un salón no demasiado grande por el que a lo largo del día desfilaron personas de todas las edades para participar en una serie de actividades relacionadas con el consumo consciente: intercambio de ropa usada, talleres de reutilización de prendas, proyección de un documental sobre los entresijos de la industria textil, debates espontáneos. Acción directa. Economía circular.





Mis armas: una lata de galletas, tijeras, aguja e hilo


Nada alimenta más al sistema que la idea de que no tenemos más opciones; y serán pocas, serán pequeñas, pero las tenemos y estamos aprendiendo a usarlas. Avisados quedan.


jueves, 25 de abril de 2019

Lady Papaver rhoeas

Si alguna vez habéis cortado una amapola porque queríais llevárosla a casa, habréis visto cómo inmediatamente se marchitaba y se le caían los pétalos. Yo lo hice alguna vez de pequeña y no tardé en captar la indirecta; esta flor no se anda con chiquitas. Por ahí dicen que es una señorita muy delicada, pero nada más lejos de la realidad: ella es silvestre, salvaje e indomable, lo suficiente como para no plegarse a ser cultivada contra su voluntad ni a participar en arreglos florales que ella no ha decidido.





Crece donde le da la gana, a ser posible cerca de cultivos donde peleará por hacerse con los nutrientes de la tierra si es necesario. Florece roja rojísima sin miedo a destacar y, si alguien osa cortar su tallo y su libertad, será tal su indignación que se deshará delante de sus narices. Y mira que la han llamado novia del campo y le han hecho proposiciones de matrimonio, pero ella no se casa con nadie.






Incluso cuando tratan de reducirla con herbicidas, ella resiste e iza su descarada bandera roja cada primavera. Mala hierba la llaman, pero poco le importa la fama que tenga, ni siquiera cuando la confunden con su opiácea prima, la adormidera, ¡menudas risas se echan las dos a nuestra costa!





Así es ella. Y así la he retratado yo.




¡Feliz día y apreciad mucho las flores!