Hala, ya está aquí el Señor Otoño, y para no pasar desapercibido ha acompañado su llegada de un cielo nublado y un poco de lluvia (¡que me ha pillado correteando por las calles en sandalias!).
Y con la brisa fresca de la tarde ha llegado volando una nueva criaturita: ¡el Hada del Otoño!

Con su melena pelirroja al viento, su corona de flores y su vestido de pétalos, dispuesta a comprobar que las castañas están bien asadas y los niños -y no tan niños- muy abrigaditos para no resfriarse.


Sus alitas de hojas secas ya revolotean en la
tienda.
Más aun que el treintayunodediciembre, el primer día de cada estación es perfecto para plantearse nuevos propósitos, marcarse metas o soñar con sencillos pero emocionantes planes. Así que las pequeñas cosas que me propongo para este otoño son:
-o-r-g-a-n-i-z-a-c-i-ó-n, para variar. ¿Lo malo? que depende de mí. ¿Lo bueno? ¡que depende de mí!
-limpieza de armario. A mis treinta años ya debería saber lo que me gusta, lo que me sienta bien y que no voy a ponerme más ese vestido tan incómodo. Seguro que alguien lo aprovechará mejor.
-no dejar que la rutina me convierta en un zarrio perpetuo. Vale que a las seisycuarentaycinco de la mañana lo máximo que consigo es ponerme máscara de pestañas. Vale que tengo que llevar ropa cómoda para hacer el mono en el colegio. Pero es que hoy me he puesto una camiseta nueva y he cambiado mi irremediablemente desgreñada melena por un moño de bailarina y los niños me han dicho que estaba muy guapa, ¿qué pinta llevo el resto del tiempo? Son detalles que a una la hacen reflexionar.
-Halloween, faltaría más. Este año he decidido que un solo día, incluso una semana, es poco para mí, ¡quiero empezar a decorar la casa a principios de octubre!
-una fiesta otoñal para "inaugurar" La Casita Marrón con los amigos
-y muchas cursiladas, por supuesto.
Seguro que me dejo algo, pero ya son muchas horas despierta (sin contar la mini siesta en el autobús) y mi cabecita no da para más, ¡feliz primer findesemana de otoño!