jueves, 9 de julio de 2020

El bucle

Sería lógico pensar que esta idea surgió en pleno confinamiento mientras todos -al menos los que podíamos- estábamos encerraditos en nuestras casas sin estar muy seguros de si era martes o sábado. Pero no; yo, que soy una visionaria, ya había entrado en mi propio bucle varias semanas antes. A veces pasa que una se pone a dar vueltas sobre sí misma y sus circunstancias y acaba mareándose, y la única salida es, en mi caso, a través de la aguja.




Me deshice en montones y montones de puntaditas y me recompuse a base de juntar trocitos de tela de todos los tamaños. Fiel a mi compromiso de no comprar textiles nuevos, di uso a piezas que ya tenía en el taller: la pernera de un pantalón para la base, sobrantes de una fábrica textil para el cielo y la tierra, telas amablemente donadas por personas de mi entorno para la carretera, el tejado, las flores y el marco y retalitos variados de la Gran Bolsa de Retales para todo lo demás. 



Arrendajo



Broderie perse



¡Psst, psst! ¡Detalle secreto!


Los bucles, por definición, no llevan a ninguna parte; hay que saber cómo cortarlos. Por suerte, tengo unas buenas tijeras.



jueves, 14 de mayo de 2020

Nada se pierde,


Primero hice una muñeca tetera con la tela que me sobró después de convertir aquel vestido de segunda mano en una falda que ya no me pongo y que pasará a ser otra cosa. Pero, por más que la miraba y la remiraba, no me terminaba de convencer.




Quizá el cuello era demasiado estrecho. O la cara. No tenía cara de tetera, ¿cómo se supone que es la cara de una tetera? Tenía cara de otra cosa. Otras cejas, otros labios; el pelo negro. La tela imposible que compré en otra ciudad transformada en falda. Una flor de lehua bordada. Un cuerpo completamente diferente: el de Federica.






La tetera seguía en busca de su propia cara, así que le fabriqué una con retales de tela amarilla que me dio alguien a quien debía de gustarle mucho el amarillo. Le añadí mofletes de flores y puntadas de colores y nos dimos un tiempo para pensar.





Casi siempre es bueno dejar reposar las ideas. Ésta, cuando le di voz, me dijo que no le apetecía ser una muñeca, así que reunimos retales, recuerdos, un botón, la canción que sonaba en una fiesta en la que no bailamos...

...e hicimos una fiesta.





Una fiesta rara, menos divertida de lo que sus colores puedan sugerir, pero una fiesta al fin y al cabo.





¿Y la tacita? 




Para la resaca.



jueves, 5 de marzo de 2020

Flores de invierno

El comienzo de año siempre me resulta un poco difícil. Una cuesta de enero que nada tiene que ver con la de las noticias y que se extiende hasta febrero o hasta que el frío empieza a amainar. Mi batería es solar, qué le vamos a hacer.




Hace poco una niña me dijo que adivinase cuál era su estación favorita.

-La primavera -contesté-.
-Sí. ¿Cuál más?
-El invierno -porque sé que le encanta la Navidad-.
-Sí. ¿Cuál más?
-¿El verano?
-Sí. ¿Y cuál más?
-Pues... el otoño
-Sí
-¿Todas las estaciones son tus favoritas?
-¡Sí!

Ahí estaba: una niña de seis años dándome una lección mientras yo contaba los días que faltan para la llegada oficial de la primavera.

 





He hecho unas casas muy pequeñitas, tanto que sus habitantes no pueden medir más de 6 cm. Las fachadas son collages hechos con retales diminutos de la Gran Bolsa de Retales que está junto a la mesa del taller y que es como un caldero mágico: remueves y comienzan a saltar chispas de ideas.







No está de más recordar que en invierno también hay flores. Y si no, me las bordo.