La mayoría de nosotros ha empezado una colección alguna vez; es algo innato en el ser humano. De pequeña recuerdo haber coleccionado cosas sencillas como cromos, sellos, conchas y cristalitos de la playa, pegatinas, recortes. Siendo ya un poco más mayor inicié una colección de cerditos, y todo el que quisiera regalarme algo lo tenía fácil: peluches, huchas, llaveros, bolígrafos (aún conservo uno que los niños de colegio conocen como "el bolicerdo"), y aunque el año pasado mi percepción de los cochinitos sonrosados cambió ligeramente al tener que pasar por delante de un matadero casi a diario, los sigo conservando.
Foto arcaica sacada de mi fotolog
Una colección suele ocupar espacio, a no ser que se te ocurra una idea peregrina como recopilar nombres de mujer. Tenía una libreta llena de ellos, se hizo popular entre mis amigos y conocidos y siempre venía alguien con nombres que había escuchado o leído en algún sitio apuntados en un papel, o me retaban diciendo "¿a que no tienes éste que te voy a decir?". Y era raro que no lo tuviera, ¡llegué a reunir miles! Por desgracia, e incomprensiblemente, perdí esa libreta, y aún tengo esperanzas de que aparezca entre algún montón de trastos.
Mi colección de listas de la compra olvidadas en las cestas del supermercado es otra digna de mención. Las tengo en varios idiomas, pero reconozco que mis favoritas son las que tienen alguna falta de ortografía muy gorda o un nombre mal escrito, como aquel arroz pasmaki que supongo que en realidad era basmati.
Hoy día no diría que hago una colección intencionada, pero si de recopilar se trata mi taller es la cueva de Alí Babá del craft, y como muestra un botón, ¡o varios!
Las cintas y puntillas son otra cosa que me vuelve loca, ¡son tan bonitas y sirven para tantas cosas!
Estas son un poquito más especiales porque son antiguas y las he ido encontrando en el mercadillo de los tesoros. Resulta emocionante abrir un envoltorio de algo que se fabricó en 1978.
Y si algo me gusta coleccionar como señora mayor inglesa que soy en mi interior, es vajillerío. Ay. Ahora estoy la mar de reformada y soy capaz de decirle adiós con la manita a una fuente de horno floreada del mercadillo sin llorar, y fui consciente de que debía dejar de comprar teteras el día que Amorcito me dijo desde la cocina "¡Yle, aquí hay otra tetera!" como si se hubiera encontrado una rata. Pero lo que tengo lo guardo como un tesoro y lo uso como tal, ¡es una colección útil! ¡Está totalmente justificada!
Y vosotros, ¿qué coleccionais?
¡Buenas noches! ¡Mañana es jueves-viernes!