sábado, 24 de enero de 2026

Dos mil veintiséis

Habiendo nacido el siglo anterior, 2026 es un número que impresiona un poco, y henos aquí como si nos hubieran teletransportado. Yo seré muchas cosas, pero dramática la primera.

Sin querer hacer balance ni entrar en detalles muy personales, terminé 2025 bastante contenta, pero sobre todo profundamente agradecida. Mi salud mental fue precaria durante mucho tiempo y el año pasado fue el primero que sentí diferente, no porque hiciera cosas extraordinarias sino porque por fin pude ver cuánto había aprendido y fui capaz de ponerlo en práctica. Sentir y aprender: si solo puedo destacar esas dos cosas de estos meses atrás ya me siento tremendamente afortunada, porque las tuve a manos llenas. Algunas me removieron tanto por dentro que no deja de sorprenderme que por fuera apenas se percibiera un temblor.


                                         


Y ahora, ¿qué? Para empezar, superar una superstición: la de inaugurar el año con grandes esperanzas registradas por escrito y temer acabar perdida, sin rumbo y en el lodo. Ya me sucedió en el pasado y pensé que me pasaba por chula, como si hubiera algún tipo de correlación lógica, una cruel justicia cósmica que castigara a quienes esperan que las cosas salgan...bien. Tampoco es que le pida tanto a estos doce meses. De hecho me lo pido a mí misma. Coser mucho, escribir más, superar también el pudor de compartir lo que escribo -poemas sobre todo. Existir, algo que me resultaba complicado años atrás. Y, de nuevo, sentir y aprender; eso siempre. Sin hartura. 

No hay comentarios: