Sin querer hacer balance ni entrar en detalles muy personales, terminé 2025 bastante contenta, pero sobre todo profundamente agradecida. Mi salud mental fue precaria durante mucho tiempo y el año pasado fue el primero que sentí diferente, no porque hiciera cosas extraordinarias sino porque por fin pude ver cuánto había aprendido y fui capaz de ponerlo en práctica. Sentir y aprender: si solo puedo destacar esas dos cosas de estos meses atrás ya me siento tremendamente afortunada, porque las tuve a manos llenas. Algunas me removieron tanto por dentro que no deja de sorprenderme que por fuera apenas se percibiera un temblor.

Y ahora, ¿qué? Para empezar, superar una superstición: la de inaugurar el año con grandes esperanzas registradas por escrito y temer acabar perdida, sin rumbo y en el lodo. Ya me sucedió en el pasado y pensé que me pasaba por chula, como si hubiera algún tipo de correlación lógica, una cruel justicia cósmica que castigara a quienes esperan que las cosas salgan...bien. Tampoco es que le pida tanto a estos doce meses. De hecho me lo pido a mí misma. Coser mucho, escribir más, superar también el pudor de compartir lo que escribo -poemas sobre todo. Existir, algo que me resultaba complicado años atrás. Y, de nuevo, sentir y aprender; eso siempre. Sin hartura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario