jueves, 30 de abril de 2026

Ciruela negra 1€/kg y otras cosas de comer

Ciruela negra 1€/kg y otras cosas de comer. 82 x 67 cm. Cosido, bordado y acolchado a mano.



Corría el verano de 2023 y yo estaba mustia como la última lechuga de la caja cuando me topé con la convocatoria de Hilaku*. Desde hacía meses intentaba a duras penas mantenerme activa y motivada con la costura, pero mayormente me dedicaba a zurcir y reparar porque lo de inventar se me resbalaba de las manos, y me recuerdo sentada frente al ordenador tratando de sacudirme la apatía y pensando que quizá sí, que a lo mejor podría hacerlo. Además -y como creo firmemente que la vida es un telar y que los sucesos se entretejen de manera pasmosa-, había escuchado un podcast que el artista textil Zak Foster grabó después de que una residencia rechazara la propuesta en la que había trabajado con esmero, donde una de sus invitadas reflexionaba sobre las decepciones y señalaba que a veces necesitamos un único para seguir adelante. Esto me llevó a pensar dos cosas: la primera era que si alguien como Zak, cuyo trabajo admiro muchísimo, también era susceptible de ser rechazado, yo no era indigna de existir si lo intentaba y obtenía una respuesta negativa; la segunda era una pregunta: "¿y si éste fuera el que necesito?".



En ese entonces estaba pasando unos días en Cádiz dejándome cuidar en casa de mis padres, así que improvisé con lo que tenía en la caja de madera donde voy almacenando retales y cintas que me guardan o que voy dejando yo en mis visitas; el plazo era limitado y mi velocidad de costura más aun, con lo que no podía esperar a llegar a casa para ponerme manos a la obra. Durante días cosí a la vez que me remendaba y me recomponía en el parque, en la plaza, en la azotea, en el suelo del pasillo de mis padres y sentada en un banco junto a un grupo callejero de danza. También cosí sobre la cama después de comer mientras me decía que para qué, que aquello no iba a ninguna parte y mi almazuela no merecía estar en una exposición. Y lo cierto es que si volviera a hacerla hoy cambiaría muchas cosas, pero eso es lo que la hace especial: la hice con lo poco que tenía, y no me refiero solo a los materiales. A ratos me costaba como si intentara correr en el agua y si me equivocaba o algo no salía como esperaba me irritaba el triple, pero seguía cosiendo mis puntadas pequeñas y titánicas una tras otra, un pedacito de tela con otro, y con más disciplina que fe fui construyendo una especie de diario textil que me acompañaba a todas partes.





Y a cambio me dieron un sí.






Hay veces que necesitamos una sola persona que confíe en nosotras y esa persona debería ser una misma, pero la verdad es que yo no iba precisamente sobrada de confianza, sino mas bien de un empeño absurdo en apostar por mí porque, bueno, estamos unidas de por vida y habrá que llevarse bien. Sea como sea, la última palabra la tenía la organización de Hilaku y mi agradecimiento por aquel  y por confiar en mí un poco más que yo es infinito.

Éste es el texto que acompañaba mi participación:


Durante el verano de 2023 pase un tiempo largamente necesitado en casa de mis padres, dejándome querer y cuidar. Una oferta de fruta y la bolsa de retales que me guarda mi madre fueron el punto de partida para este tapiz-delantal, que no es un delantal de cocinar sino de comer, de sentirse arropada, en casa; también, de admitir la vulnerabilidad y aceptar ser quien recibe los cuidados. En él se entretejen los platos que me suelen preparar mis padres con referencias personales, recortes de vestidos de mi madre y otros textiles de carácter doméstico (un pijama, una sábana, la cinta de un cojín de cocina, cordeles de bolsitas de té), así como telas encontradas en mis paseos por Cádiz. Un verano agridulce, como algunas ciruelas, conservado en puntadas.





Mi blog lo leen cuatro gatos maravillosos, pero ojalá alguien lea esto en el momento exacto y se anime a ir en busca de su .




*Hilaku es un encuentro organizado por la Asociación Mottainai.ZGZ que cada otoño reúne en Zaragoza a artistas nacionales e internacionales para llevar a cabo exposiciones, talleres y charlas en torno al arte textil, pero su labor de investigación, preservación, innovación y difusión de las técnicas textiles está en continuo movimiento y puedes seguirla en su cuenta



jueves, 23 de abril de 2026

Las muñecas salvarán (un poco) el mundo

He estado haciendo muchas muñecas: pequeñas, improvisadas, por el puro gusto de hacerlas pero también por el placer de su compañía. Porque es un hecho que las muñecas acompañan, y la Historia nos demuestra que su papel no se limita a la infancia y sus juegos; sirvan como ejemplo las muñecas funerarias Chancay o las muñecas boudoir. Figuras lo suficientemente parecidas a un ser vivo como para darte calor, lo suficientemente irreales para ser sin límites; la mente es capaz de cosas extraordinarias en ese limbo entre la realidad y la fantasía, y no es difícil comprender por qué estos pequeños objetos con forma humana se convierten en un catalizador, un receptor de nuestros miedos y deseos que buscan transformarse en otra cosa.




Mi uso suele ser algo más prosaico. O no. En absoluto. Me las llevo por ahí, les hago fotos, las presto o simplemente las tengo a mi lado mientras hago algo. Soy una mujer adulta con muñecos en el bolso y no me avergüenzo de ello. Hace años intentaba hacer muñecas cuanto más grandes mejor, pero ahora prefiero este formato reducido que me da más libertad para apañármelas con los materiales que tenga a mano y permite que se puedan llevar a cualquier lado, en cualquier parte. Me gusta el juego que dan y que a su lado los objetos cotidianos se transformen en lo que necesiten: una sillita hecha con el alambre del cava, una taza de capuchón de bellota, una cama de cartón, un pedacito de tela convertido en manta. Así debería ser el juego: el mundo como un inmenso cuarto de los juguetes.




Son, además, todo un campo para la experimentación. Hasta hora he hecho muñecas con piernas articuladas, he probado la técnica de rollito, he hecho mi primer muñeco tejido e incluso probé a hacer una entretejiendo hojas secas de una planta. Las he rellenado de floca o de recortes o las he dejado planas y acolchadas. ¡Y aun quedan tantas opciones! Cartón, semillas, palitos y pedacitos de madera... Ojalá más gente supiera que para hacer una muñeca no es necesario tener conocimientos ni materiales específicos, basta con la voluntad de jugar y saberse libre en el juego. Tal vez por eso parezca difícil; creemos que hay una forma correcta de hacer las cosas, y en el juego no la hay: se juega, y si todas las partes se divierten es que se ha hecho bien. Eso quiere decir que nunca hay muñecas mal hechas, porque ¿quién va a hacer una muñeca de mala gana? La ternura es el componente principal en la confección de una muñeca, por eso es un saber, o un compendio de saberes, que debe ser transmitido y fomentado. Zobeyda Jiménez, muñequera venezolana y uno de mis grandes referentes, habló largo y tendido sobre ello, dio conferencias, escribió libros e incluso redactó un manifiesto, tan serio es el juego; serio entendido por la RAE en su cuarta acepción como algo "real, verdadero y sincero, sin engaño o burla, doblez o disimulo". La honestidad de las manos haciendo tangible algo nacido en otra dimensión que solo a veces vislumbramos.


Si has perdido la fe, haz una muñeca.


Empieza donde estás. Usa lo que tienes. Haz lo que puedas.

                                                                            Arthur Ashe

jueves, 9 de abril de 2026

Y lloraré si quiero

Y lloraré si quiero. 68 x 58 cm. Cosido, bordado y acolchado a mano.

 

 

"It's my party and I'll cry if I want to"; eso es lo que cantaba Lesley Gore en la que es probablemente su canción más conocida, y que no todo el mundo sabe que tiene una segunda parte llamada Judy's turn to cry en la que Johnny deja a Judy y vuelve con ella a pesar de haberle amargado la fiesta en la primera canción. Cosa que a Lesley en realidad debía de darle igual porque era lesbiana. 




Pero volviendo a la fiesta y las lágrimas: ¿qué es eso de que no puedo llorar en mi propia fiesta? Las fiestas siempre han sido un espacio propicio para las lágrimas, ya sea porque hay una Judy o un Johnny de por medio o porque el ser humano es amplio y contiene multitudes, que decía Walt Whitman, y bien merece un digno escenario con su decorado y su música y su máscara de pestañas no resistente al agua; menudo robo al drama eso del waterproof.



Ese momento justo antes del colapso

 



El disco está hecho con la tapa de un envase de helado. I + D


Y así andamos, siempre a un arañazo en la trama de pasar de Yo soy tu gatita a La gata bajo la lluvia, y la que quiera que se contenga y la que no, que llore si quiere. Faltaría más.


 

jueves, 2 de abril de 2026

Repoblar

Repoblar. 108 x 103 cm. Cosida, bordada y acolchada a mano con materiales donados y/o encontrados.



En la entrada anterior hablaba de nuestra parcela y del aprendizaje que está suponiendo el observar de forma continuada cómo funciona la Naturaleza a nuestro alrededor, con o sin nuestra intervención. La palabra regenerar, que estuvo presente desde un principio -incluso antes de dar con el sitio, cuando nos topábamos con tremendos secarrales- se ha ido abriendo paso hasta ponerse al frente y al centro; pero sin duda una de las palabras que más hemos oído en estos años ha sido repoblar, y ambas van, o deberían ir, de la mano.




Repoblación, España vaciada, vuelta a lo rural, descentralización, oportunidades de emprendimiento... son conceptos que venimos escuchando desde hace tiempo y no quiero disertar sobre ello porque es un tema con demasiadas dimensiones y recovecos, pero sí puedo decir que ahora tengo algunos datos de primera mano que me dan una perspectiva más amplia sobre el tema. Y antes de continuar siento que debo hacer dos aclaraciones: la primera es que mi participación en el entorno rural (un pueblo relativamente remoto de menos de 500 habitantes) es muy habitual pero no continuada; la segunda es que desde el principio mi planteamiento fue bastante realista y alejado de romanticismos sobre la vida en el campo, porque aquí una poetiza pero no romantiza. Esto significa que no me he llevado grandes decepciones, pero sí estoy confirmando grandes realidades; y éstas podrían resumirse perfectamente en las palabras de una mujer de un pueblo vecino con la que charlamos un rato, y que venían a decir que la estrategia principal no debería ser atraer población nueva a esos lugares, sino mejorar la calidad de vida de quienes ya están allí para que no se marchen.

Boom.



Me quedé tiesa como este arrendajo


Repoblar es mucho más que aumentar el censo; al igual que sucede con el suelo, no se puede pretender que algo prospere en una tierra empobrecida. Algunas de las tácticas que se plantean son más bien superficiales -el turismo, la estética, el cómo se percibe el lugar desde fuera para atraer visitantes, residentes e inversores-, pero sin regenerar la base resulta complicado. La gente no necesita más #bésameenestaesquina pintados en las calles ni más lavados de cara que se reproducen como franquicias por todos los pueblos de interior. Aspectos como la identidad, la comunidad y una cierta independencia en materia de servicios básicos son clave. Y, a una escala menor, los núcleos rurales están sufriendo problemas muy parecidos a los que aquejan a las ciudades. Las largas manos del capitalismo también suben montañas.



Éstas son algunas de las cuestiones que me planteaba mientras cosía este tapiz (luego vinieron muchas más, no me iba a quedar yo tranquila). No se trata de anclarse al pasado, sino de recuperar lo que sí funcionaba, lo propio, sin barnices ni planes diseñados en un despacho que acaban dejando un regusto a sucedáneo. Devolver el poder a quien nunca debió dejar de tenerlo. ¿Cómo?



Como dije antes, es un tema complejo y no tengo todos los datos ni mucho menos las respuestas, solo un montón de preguntas que crece a medida que aprendo a abordar (y a bordar) las cosas con honestidad y a dejar espacio para equivocarme. ¿Qué hay realmente detrás de mis ideas preconcebidas? ¿Qué podría aportar yo? ¿Qué significa pertenecer? ¿Qué estoy perpetuando, para bien y para mal? En fin, una debe llevar el peso de sus decisiones, y yo decidí hacer una almazuela de pana que pesa una tonelada, pero aquí hemos venido a experimentar sin garantía de éxito. Y eso ya es un éxito en sí mismo.