Y como el findesemana me encontraba un poco mejor, aprovechamos que hacía buen tiempo para hacer un mini picnic.
Ensalada de sémola, ensalada de aguacate, cacahuetes, pan de pueblo, queso y el bizcocho de arándanos que hice el viernes, ¡banquete campestre!
Después de comer fuimos al pantano de El Chorro a ver los buitres, pero había una montería y toda la paz del lugar se enturbió con los disparos y los gritos de los cazadores *insertar aquí muchas palabras malsonantes*.
Hoy hemos repetido, pero más cerquita de casa. Hemos encontrado un sitio muy bonito y silencioso, lleno de almendros en flor. Mi niña-búho venía con nosotros y se ha balanceado un rato en las ramas (y también se ha lanzado al vacío un par de veces, la muy temeraria).
En la revista Kireei había un reportaje muy inspirador sobre Pica-pau en el que decía que hay que actuar y no tenerle miedo al trabajo, así que me lo aplicaré esta nueva semana que tengo mucho que hacer, ¡que empeceis bien el lunes!

