lunes, 21 de septiembre de 2026

La que sabe, sabe

La que sabe, sabe. 73 x 37 cm. (2025) Cosido, bordado y acolchado a mano con materiales recuperados y donados.



Habiendo convivido durante mucho tiempo con una ansiedad diaria, la intuición no ha sido algo fácil de explorar ni mucho menos un recurso mínimamente fiable, porque cualquier pregunta que le hiciera a mi oráculo interior iba a recibir la misma respuesta: huye, escóndete y quédate muy quieta. Sin embargo, algo que me ha pasado y me sigue pasando a menudo es tener la extraña sensación de entenderlo todo a un nivel subconsciente y difícil de poner en palabras. Es algo fugaz, como el reflejo de un faro, y no hacer falta decir nada: todo tiene sentido y todo está en orden.



De eso va este tapiz que, como en muchas otras ocasiones, surgió de un hallazgo fortuito y de alguna pieza previamente descartada: la tela de base es un trapo en un maravilloso tono de amarillo que encontré en un paseo, el rombo azul floreado pertenece a un trozo de vestido que había robado y devuelto la marea, y la figura comenzó como una muñeca que nunca llegó a ser. Como suele suceder con las cuestiones del alma, la respuesta textil suele estar en lo que ya tenía o aparece de forma insospechada.





Otra cosa que me resulta fascinante es que, al igual que las canciones se impregnan del momento en que las descubrimos, el tiempo que paso cosiendo una pieza hace que todo lo que sucede alrededor vaya quedando grabado con cada puntada, convirtiéndola en un diario textil intencionado -la idea, sentimiento o vivencia que quiero plasmar- pero también uno involuntario, oculto, casi mágico; hay montones de hilos invisibles cruzando la tela y atrapando un instante en la vida como si se reflejara en un salón de espejos. Una cosa nunca es solo una cosa.





Estoy aprendiendo a ver


No hay comentarios: