jueves, 29 de enero de 2026

Vienen

El camembert hay que sacarlo de la nevera con el tiempo suficiente para que el centro se derrita un poco, que quede fluido, coulant. Lo leí hace años, lo probé y de ahí ya no me baja nadie. Hasta merecía la pena bordarlo, y así lo hice en esta pieza que titulé Vienen. 61 x 35 cm. Aplique, bordado, acolchado y punto a dos agujas; todo a mano.




Cosí esta pieza durante el verano de 2024 a partir de una merienda real con amigos. Yo tenía runrún por dentro -no hay más que verme la carita- pero puse todo mi esmero en apañar una mesa primorosa con un ramillete y preparar algunas cosas ricas, ¿por qué no? Estar preocupada, enfadada o, bueno, jodida así en general no debería ser incompatible con echarle un poco de encanto a la cosa. De hecho, diría que es incluso recomendable, y que la dedicación debe ser directamente proporcional al nivel de fastidio. No va a solucionar el problema -de eso ya nos ocuparemos cuando toque-, pero al menos nos va a reconfortar y cuando una está reconfortada es mucho más fácil (y sensato) tomar decisiones. Acción, belleza y amor contra la desazón.



Todo lo que usé fueron materiales recuperados, como es habitual. La tela azul marino es parte de un pantalón y quise respetar su forma tal cual era. Hay retales de vestidos de mi madre y de mi amiga Elena, y una pulserita con la bandera española que encontré en la playa y a la que añadí un pedacito de tela de flores. Creo que hasta la lana roja fue donada. Cuando hube terminado me di cuenta de que al colgarla quedaba irremediablemente torcida, y después de muchas vueltas decidí que me encantaba así. También yo estaba torcida ese día y celebrar aquella merienda fue la mejor decisión.




Que no me entere yo de que os coméis un camembert frío y reseco.

sábado, 24 de enero de 2026

Dos mil veintiséis

                   
Habiendo nacido el siglo anterior, 2026 es un número que impresiona un poco, y henos aquí como si nos hubieran teletransportado. Yo seré muchas cosas, pero dramática la primera.

Sin querer hacer balance ni entrar en detalles muy personales, terminé 2025 bastante contenta, pero sobre todo profundamente agradecida. Mi salud mental fue precaria durante mucho tiempo y el año pasado fue el primero que sentí diferente, no porque hiciera cosas extraordinarias sino porque por fin pude ver cuánto había aprendido y fui capaz de ponerlo en práctica. Sentir y aprender: si solo puedo destacar esas dos cosas de estos meses atrás ya me siento tremendamente afortunada, porque las tuve a manos llenas. Algunas me removieron tanto por dentro que no deja de sorprenderme que por fuera apenas se percibiera un temblor.

                                         

Y ahora, ¿qué? Para empezar, superar una superstición: la de inaugurar el año con grandes esperanzas registradas por escrito y temer acabar perdida, sin rumbo y en el lodo. Ya me sucedió en el pasado y pensé que me pasaba por chula, como si hubiera algún tipo de correlación lógica, una cruel justicia cósmica que castigara a quienes esperan que las cosas salgan...bien. Tampoco es que le pida tanto a estos doce meses. De hecho me lo pido a mí misma. Coser mucho, escribir más, superar también el pudor de compartir lo que escribo -poemas sobre todo. Existir, algo que me resultaba complicado años atrás. Y, de nuevo, sentir y aprender; eso siempre. Sin hartura.